¿Das la talla?

Creo que en los últimos meses he recibido más calabazas discográficas que en mis casi doce años de carrera. He trabajado en unos nueve proyectos desde Enero, y de ellos tan sólo uno verá la luz. Si hablo de 2015, sólo el 15 o 20% de lo que di por “terminado” en el estudio llegó a salir publicado… Y la verdad, no os engaño cuando os digo que me alegro.

 

Me explico. A mí me putea -como a todos, supongo- que rechacen un track en el que he puesto horas, esfuerzo y dedicación. Acabar un trabajo, enviarlo a un sello y recibir un NO por respuesta -eso en caso de recibir respuesta alguna- es siempre un mal trago que da bastante bajón. Mi familia, mi pareja y mis amigos van a tener que aguantarme de mala leche durante unos días; y por un tiempo adopto una actitud en la que todo me quita las ganas de vivir. Pocas cosas han cambiado desde que, con diecisiete años, el A&R de un gran sello de Barcelona escuchaba unos segundos de mi maqueta, sacaba el CD y lo tiraba a la papelera delante mío. “Esto suena como si lo hubieras grabado en un lavabo”, decía. Y yo, nacido y crecido en un barrio difícil, me imaginaba en ese momento reventándole la cabeza con el casco de mi moto en vez de intentar entender que; quizás, esa reverb que había utilizado no era la más adecuada.

 

Si ahora digo que me alegro del rechazo es porque, una vez superado el primer impacto, uno empieza a ganar perspectiva y a entender el porqué. Te das cuenta de que el mundo no tiene nada en contra tuyo, sencillamente es que tu trabajo (aún) no da la talla. Es tan fácil como eso. Y la talla va siempre relacionada con la altura de miras que tengas, depende de dónde hayas puesto el listón.

 

Cuanto más alto pones el listón, mayores son las probabilidades de recibir un NO. Sin embargo, también aumenta tu nivel, tu capacidad de mejora y tu ambición.

 

Creo que uno de los mayores inconvenientes a los que se enfrentan los nuevos productores es que ahora el listón está, en general, terriblemente bajo. Casi cualquiera puede montar un sello, y no hay ningún filtro de calidad que controle el flujo de trabajos que van a aparecer en las tiendas online. Nadie que trabaje en Beatport o en iTunes te va a decir “-Eh colega, tu release es un pastel. Esto no lo puedo poner yo en mi tienda”. Y créeme, eso te hace un flaco favor. Como es tan fácil convencer a alguien para que publique tu material -o publicarlo tú mismo-, automáticamente nuestra mente deduce que aquellos que lo han rechazado previamente se mueven por intereses ajenos al talento, por enchufismo, por envidia, por motivos esotéricos de tertulia de bar o sencillamente porque tienen poca vista para los nuevos talentos.

 

Ojo, con esto no digo que no hayan buenos sellos independientes que empiecen de cero -de hecho, todos los grandes sellos independientes han empezado desde abajo- sencillamente creo que ahora, con tantas opciones para publicar nuestro material, nos estamos olvidando del efecto mejora que proporciona el NO de un gran sello. O peor, nos enfadamos cuando un sello pequeño rechaza nuestro track. ¿Será que quieren dejar de ser un sello pequeño y por eso tienen el listón todo lo alto que se pueden permitir?

 

Cuando te marcas el objetivo de publicar con una discográfica concreta, consigues que se escuchen tu material y lo rechazan; pasados los primeros días de bajoncillo, analizas tu trabajo fríamente y empiezas a entender, descubrir y aprender de sus debilidades, flaquezas y fallos. Empiezas a entender que, seguramente, si tu fueras el A&R de ese sello también habrías descartado tu disco. Y es que un buen NO te da la oportunidad de revisar y mejorar tu material, de crecer, de hacerte más fuerte y así ofrecer un producto más sólido en el futuro.

 

La capacidad de asimilar un fracaso es más importante en tu carrera artística que el talento para componer, producir o actuar en directo.

 

Cuando recibe un NO, la gente tiende a pensar en cosas muy chungas, en vez de simplemente decir “oye, esto podría ser mejor”. ¿Nadie se ha parado a pensar el porqué un gran sello discográfico es un gran sello discográfico? Seguramente es porque tienen el listón alto, y sólo publican material de calidad. ¿Nos ponemos a llorar y a decir que todo funciona por enchufe u optamos por mover el culo y subir el nivel de nuestro propio trabajo?

 

A esto se le añade un movimiento reciente, el de “apoya a tu escena”, pidiendo más soporte para la gente de casa. Oye, qué bien. Estoy muy de acuerdo en apoyar a los de aquí, pero sólo si su altura de miras es proporcional a sus aspiraciones. Porque tengo que ser sincero: si me gusta más el disco de un tío de Kazakhstan, ya puedes ser mi vecino, mi colega o mi brother…. Aprieta los dientes y sorpréndeme, o no voy a engañarte. Tampoco espero que tú lo hagas conmigo. No por amistad, camaradería o compadreo; si no por ayudarme a mejorar. Es por eso que prefiero rechazar algunos trabajos de mezcla y mástering, y animar a la gente a llevar su proyecto al siguiente nivel antes de dejarlo en mis manos.

 

Si de verdad queremos que la escena mejore, deberíamos empezar por pedirnos más a nosotros mismos. Deberíamos subir el listón, y presentarnos a evaluaciones de mayor nivel. Habrá más fracasos, suspensos, rechazos y NOes; pero creedme cuando os digo que es mucho mejor que quedarnos estancados en el océano de la mediocridad, del release fácil y del mira que bomba acabo de hacer en el estudio. Pero nunca explotan.

 

 

Si de verdad queremos que la escena mejore, deberíamos empezar por pedirnos más a nosotros mismos.

 

No es fácil. No es cómodo. No es divertido. Prepararse y competir para alcanzar el mayor nivel es una mierda como un piano, un camino cruel y lleno de decepciones, frustración y rabia… Pero si lo comparas con pasarse la vida acomodado en la zona de nadie, me parece el reto más bonito que jamás puedas vivir como Productor.

 

Si aspiras a un excelente, quizás te quedes en un notable o en un bien, pero cuando te conformas con un sufi, entonces eso es justo lo que tienes.

 

 

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