El Arte de acabar las cosas.

Son las dos de la mañana y acabo de apagar el ordenador -el del estudio, porque tengo encendido el portátil desde el que escribo-. Hoy he tachado dos de los catorce puntos que aparecen en la lista de “cosas por hacer” de esta semana. Las suelo escribir los domingos por la noche. 

 

También he quitado tres banderitas rojas de las ocho que tengo en el email. Joder, ¡qué gusto da quitar esas banderitas rojas! Pocas cosas que se hagan vestido pueden darme tanto placer.

 

banderita_email

 

La banderita roja es un marcador que me pongo en los emails que me envío constantemente a mí mismo cuando pienso en algo que tengo que hacer, para no olvidarme. Elimino la banderita una vez que termino el asunto en cuestión. La última que he borrado decía “Escribe en el blog de una puta vez”. La penúltima, “Escribir nuevo post en el blog”. Tenía más de tres semanas de antigüedad, se ha hecho de rogar 😛

 

Intento estar siempre ocupado acabando cosas. Repito. Acabando cosas. Una vez escuché la frase “done is better than perfect” (terminado es mejor que perfecto) y automáticamente se convirtió en uno de esos mantras que me repito constantemente.

 

done_is_better_than_perfect

 

Poco se habla de lo importante que es acabar cosas. A diario veo gente obsesionada con estupideces, pero a casi nadie le preocupa acabar cosas. Por ejemplo, hay gente que se raya mucho porque no le ocurre nada interesante. ¿Pero qué quieres que te pase, alma de cántaro, si no haces nada? Es normal que experimentes el vacío en tu vida si no la llenas de nada. “Oh, claro que hago cosas, lo que pasa es que tú no las ves. ¡Vaya! ¿Crees que la gente es adivina y que perciben las ondas telepáticas de esas ideas molonas que tienes? Joder, eso es estúpido. Hasta las personas con las que tomas cerveza y a las que no paras de repetir todo lo que vas a hacer tienen más ganas que tú de que las acabes de una maldita vez y cambies de tema.

 

También existe un grupo -al cual yo pertenecía hasta no hace demasiado- que justifica el hecho de no acabar cosas porque aún no están perfectas. Suerte en la vida, chaval. Es como decir que no piensas abrir el restaurante hasta que cocines como Ferran Adrià y te den las tres estrellas Michelin. Es probable que te mueras de hambre antes incluso de saber si te gusta tener un maldito restaurante.

 

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Ojo. Con esto no digo que nos flipemos todos y bombardeemos el mundo con cosas mal acabadas. Suficientes generadores de mierda hay ya como para hacer apología de ello. Hay que mimar el producto, ser cuidadosos con el resultado final y todo eso… Pero el cerebro necesita terminar cosas e ilusionarse con otras nuevas. La mente disfruta al coger un folio en blanco y empezar otra vez… ¡Pero disfruta diez veces más si sabe que empieza algo tras haber acabado otra cosa antes! Sólo así desaparece la sensación de inconcreción, de vacío y de “niño, haz algo con tu vida”  y se lleva con ella a la ansiedad. Por eso es importante marcarse objetivos a corto plazo. Cosas que puedas hacer hoy, o mañana, o en tres días; pero que no se van a quedar colgando indefinidamente.

 

Creo que si no existen más emprendedores de éxito es porque hay muchas personas que simplemente no son capaces de exigirse a sí mismas un día de entrega, y necesitan a un jefe que les meta caña. Alguien que les dé un plazo de trabajo. Una fecha en la que decir “ya está hecho” o “se acabó” o “que le den a este proyecto”. Todas esas opciones son correctas y productivas porque nos permiten avanzar. Y es que… ¿A dónde pretendes llegar si estás quieto en el mismo sitio?

 

el cerebro necesita terminar cosas e ilusionarse con otras nuevas

Tranquilos. Acabar cosas es una técnica, un arte, una disciplina que se puede aprender, desarrollar y perfeccionar como si fuera un movimiento de Kárate; y es quizás el proceso de trabajo que provoca los resultados más asombrosos e inmediatos.

 

Puedes ayudarte de listas semanales de cosas por hacer. Son más simpáticas que un jefe y cumplen con la misma función de decirte “espabila, que llevas diez minutos mirando vídeos de gatetes”. Puedes enviarte emails y ponerles banderitas que te saquen de quicio cada vez que abras el ordenador. Crearte alarmas en el calendario del móvil. Ponerte post-its en la pared. Comprarte una agenda, un loro o una madre cansina. Y luego, durante el trabajo, no te cuelgues. Conozco gente que deja el móvil fuera del estudio, o que corta internet hasta que acaban su tarea.

 

Tampoco te machaques. Es sabido que el cerebro necesita descansos porque se aburre con asombrosa facilidad, y que meterse un atracón es tan malo como no comer nada en absoluto. Cómprate un banco de pesas, un puzzle de 10.000 fichas o un perro que te obligue a tomar el aire de vez en cuando. Yo utilizo una cosa que se llama Técnica Pomodoro. Hay varias apps para el móvil y el ordenador que la aplican, y se basa en crear ciclos de 25 minutos durante los que hay que estar concentrado a tope en la faena, luego suena una alarma y tienes 5 minutos para dedicarte a pajarear, mirar el Twitter y hacerte más café. Lo que más me gusta es que, tras esos 5 minutos, muchas veces vuelvo al trabajo con la perspectiva despejada y me doy cuenta de que la estaba cagando; y cambio de dirección.

 

pomodoro

Hay varias aplicaciones disponibles sobre la técnica Pomodoro

 

Todo son técnicas que oxigenan el cerebro, que dejan que tu mente se olvide de la responsabilidad de pensar en todo lo que hay que hacer y se concentre, simplemente, en hacer.

 

Y es que solo haciendo cosas te pasarán cosas.

 

 

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Si quieres saber más sobre este tema, te animo a que explores e investigues un poco la obra de David Allen y su técnica GTD.

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