El (enésimo) colapso del EDM

Las consecuencias del estallido de la burbuja del sector

Hace dos días se hizo público que Beatport cerraba Baseware, su distribuidora online, activa desde 2011. Ayer la noticia se ampliaba con un comunicado  en el cual se anunciaba que el próximo 13 de Mayo cerraría también su servicio de streaming, aplicación móvil, su plataforma de vídeo en directo y su portal de noticias y novedades.

 

La consecuencia directa, que se sepa a día de hoy, es que muchos sellos deberán buscarse otras alternativas de distribución digital. Quizás un trámite incómodo, pero ningún drama. SFX -propietaria de Beatport y sus filiales desde 2013- dice, y cito textualmente de su comunicado oficial, que toma estas medidas “para volver a centrarse en su negocio más importante: su tienda de Beatport”. Y esto sonaría bien, si no fuera porque SFX lleva unos añitos dignos de película de Scorsese.

 

Una distribuidora online es básicamente una empresa que se dedica a subir el contenido de un sello discográfico a los portales de descarga digital, es decir, los sellos le envían los tracks y ellos los ponen en Beatport, iTunes, Traxsource, etc.

 

SFX es un conglomerado de empresas dedicadas, en sus propias palabras, a la Electronic Dance Music y su cultura asociada. A parte de Beatport y todas sus secciones, SFX es dueña o tiene una gran participación de marcas como ID&T y sus TomorrowLand, TomorrowWorld, Sensation y Mysteryland; Awakenings, Life In Color, DDP, MMG y sus célebres clubes LIV o Story, Electric Zoo, Stereosonic, Q-Dance, B2S, React y Rock In Rio. Casi ná.

 

Se fundó en 2012, en pleno boom del movimiento EDM, y en sólo dos años había comprado las empresas anteriormente mencionadas, y unas cuantas más. Desde un festival como TomorrowLand hasta la tienda de música online por excelencia, pasando por agencias de marketing, promoción y radio.

En Junio del 2013, su fundador Robert F.X. Sillerman y Afrojack, hicieron sonar la mítica campana de apertura del índice NASDAQ para anunciar su flagrante entrada en bolsa. Sus festivales, clubes, eventos y negocios sólo hacían que crecer en números. Más asistentes, más días, más ventas, más pasta. Todo el power.

 

mc_100913_hires

 

Sin embargo, el modelo de SFX también recibió palos. Se le acusó principalmente de intentar monopolizar el rentable sector en el que se había convertido la música electrónica, y de inflar peligrosamente una burbuja durante su camino a conseguirlo. No les temblaban las manos para invertir más dinero en hacer escenarios más grandes, producciones más caras y pagar cachés más altos si ello significaba reducir las opciones de sus competidores. Y si no podían competir con ellos, directamente, los compraban. Muchas voces denunciaron que sería insostenible crear una estructura tan grande alrededor de un negocio que durante años había funcionado a su propio ritmo sin afectarlo de forma radical. Cuando le preguntaron su opinión al respecto Sillerman contestó: “Cuando compras empresas y negocios exitosos, intentas potenciar su actividad. Hacerlos más grandes. No veo qué hay de malo en ello.”

 

Y es aquí cuando pienso: joder, vaya fenómeno. “Cuando compras empresas y negocios exitosos”, dice. Robert, eres un campeón. Un ejemplar ilustre de esos a los que hubiéramos adorado en el mundo pre-2007, pero que ahora dan cierta grima. Un tío que llega a la tienda y dice: “Como me gusta todo, me compro la tienda”. Luego ya, si eso, veo qué hacer con ella y con los que de ella dependen.

 

Muchos dirán “Es lícito. Si tiene la pasta, que la invierta en lo que le dé la gana”. Y es verdad, el mundo funciona así… Y así nos va.

 

SFX-bankrupt

 

En España sabemos de burbujas. Aquí hemos aprendido la lección de lo que supone una avalancha de gente dispuesta a explotar un sector sin importar demasiado si lo conocen bien. Sin importar si lo entienden. Si lo han vivido o si lo viven. Si lo aman. No importa un carajo si saben lo que están haciendo. Tampoco se han parado a pensar qué consecuencias tendrán sus actos, ni qué influencia negativa pueden tener sobre aquellos que han logrado que el sector que ahora explotan se convierta en algo interesante. Sólo sabían que daba pasta. A por ello. Putos amos.

 

La verdad es que SFX lo único que ha hecho es comprar cosas hechas por artesanos que sabían lo que hacían, y luego no han sabido qué hacer con ellas. La mierda empezó a oler en 2015 con la caída en picado de sus acciones, siguió con la fuga en manada de sus inversores principales y en Febrero de este año 2016 se hizo oficial que SFX estaba en bancarrota. Ay, Manolete… Si no sabes torear, ¿Pa qué te metes?.

 

Captura de pantalla 2016-05-12 a la(s) 04.40.01

 

Esto sería un final feliz si no fuera porque la mierda de una macro empresa no suele acabar con ella sin más, si no que produce daños colaterales. Altera el curso natural de las cosas. Contamina la salud de un organismo vivo como es la industria, en este caso de la música.

 

Tener que buscar una distribuidora nueva y que cierren unos servicios de streaming y noticias de dudosa relevancia es sólo alguna de las consecuencias de querer estirar más el brazo que la manga. Bajo mi punto de vista, el sueño de la gallina de los huevos de oro del EDM de empresas como SFX ha provocado cosas mucho peores. Por ejemplo: la subida desorbitada de los cachés de los principales artistas, que provoca la asfixia de promotores y los aleja del público. La centralización de los recursos en unos pocos nombres y marcas, que provocan la desaparición de la clase media y baja de los profesionales del sector. La desaparición de oportunidades de esta clase media de artistas, que limita la evolución y el crecimiento de la escena; y el estancamiento de la misma, que provoca que todo acabe cogiendo ese olor a refrito, a cerrado. A más de lo mismo.

 

Sinceramente, me da pena. El mundo está un poco así, en general. No es cosa de la música mainstream o de la electrónica en general, esto traspasa las fronteras de nuestro sector. El ansia de tener por encima de las ganas de conocer, de mimar y de mejorar le está quitando valor a las cosas y está dejando simplemente eso: cosas.

 

Quizás lo mejor que nos puede pasar es dar dos pasitos hacia atrás. Que Beatport vuelva a ser de aquellos que entendieron que los DJs necesitábamos un buen lugar para comprar música, adaptado a los tiempos modernos y los formatos actuales, donde el contenido esté por encima de su etiqueta. Gente que conozca a los DJs de a pie, su entorno, sus necesidades. Que los festivales vuelvan a estar montados por gente que ama lo que hace, que empezó montando una rave de colegas y acabó creando eventos de ensueño. Que los promotores puedan volver a acercar a los artistas favoritos de su público a su ciudad sin tener que arruinarse el futuro por ello. Que las estructuras de la maquinaria de prensa y propaganda sean lo suficientemente ligeras como para depender sólo de la buena información para sobrevivir. Que lo que salga por los altavoces vuelva a ser, al menos, tan importante como lo que entra en la caja. Que todas estas cosas vuelvan a depender de la gente que lo vive y que lo siente, y no de unos ejecutivos y sus auditorías de cuentas.

 

Como decía Gaudí, la mejor forma de ser original es volver a los orígenes. Quizás estas noticias, este colapso de un modelo fallido, es una oportunidad para hacerlo. Para volver a ser artesanos. Volver a ser artistas. Volver a dedicarnos a lo que nos gusta y tratar de hacerlo rentable.

 

Y no al revés.

 

COMENTARIOS

You may also like