Conclusiones del ADE 2016

Durante una semana Amsterdam se convierte en el centro neurálgico de la industria de la música electrónica y viste sus calles –literalmente– de contenidos relacionados. Hay conferencias, exposiciones, debates, entrevistas, reuniones, fiestas y mucha, mucha, mucha gente del gremio de todos los tamaños y condiciones. Con ello sobre la mesa, tú decides qué hacer. Y es que en tres ediciones que llevo, las tres vividas de forma diferente, puedo asegurar que el ADE puede ser un tostón del carajo o la semana más interesante del año: sólo depende de tu enfoque.

 

ADE

 

Este año he hecho un poco de todo: algunos compromisos de trabajo, he ido de oyente a todas las conferencias que he podido, he asistido a algunas fiestas y he hecho un poco el guiri -sólo un coffeeshop, prometido 😛 – mientras intentaba empaparme y aprender al máximo.

En el avión de vuelta veníamos hablando de las conclusiones que habíamos sacado de esta edición, y me ha parecido interesante redactar unos cuantos puntos que quizá puedan interesar a los que han asistido, a los que no, y a los que quieran asistir en el futuro.

 

El trabajo del año define tu ADE, y no al revés.

 

El ADE es un evento que por diversos motivos provoca que se junte mucha gente importante en un espacio bastante reducido de una misma ciudad. Eso hace que muchos de ellos aprovechen la oportunidad para reunirse en persona con gente con la que normalmente se comunican a través de internet y desde diferentes puntos del mundo durante el resto del año.

 

En relación a eso, una de las cosas que más me sobrecoge de este evento es la cantidad de personas que esperan un milagro de ello -yo mismo, en mi primera visita- y creen que el hecho de estar cerca puede provocar algún tipo de casualidad mística que haga que algún capo del business se enamore de ellos.

 

Lo que he aprendido tras tres ediciones es que si algo define el interés de la gente por tu trabajo es lo que has hecho durante los 12 meses anteriores, y en ningún caso que estés por allí y les abordes mientras van de una sala a otra. No tiene ningún sentido esperar ser descubierto durante la conferencia, y si esa es tu intención, ahórrate la pasta.

 

 

Menos meetings y más experiencias

 

Los meetings o reuniones son los Pokémon del ADE: la gente trata de tenerlos todos y se enseñan la agenda unos a otros en plan “Eh mira, he cazado 7 Pikachus”. Reunirse con la gente se convierte en una obsesión y casi en una leyenda que define si debes o no debes asistir. Si no tienes el calendario repleto de encuentros con gente cool de la industria, pudiera parecer que eres un marginado apestoso.

 

Este año he pasado mucho de eso y me he sumergido en los eventos oficiales descubriendo lugares como el De Brokke Grond, en el que asistí a una inspiradora charla de Joris Voorn. Al lado había una sala en la que podías testear varios aparatos, tanto hardware como software. Uno de los stands era un pequeño estudio en el que varios ingenieros de Abbey Road analizaban tus trabajos de forma gratuita. Otro, te permitía configurar tu propio Live. En la sala contigua, KINK iba a explicar los secretos del nuevo sampler de Pioneer; pero me tuve que ir al Hotel Arena donde daban una charla sobre la importancia de explicar una historia interesante junto al contenido artístico clásico. Otra charla sobre la relación que se establece entre marcas, audiencia y artistas empezaría treinta minutos después… Y un millón de cosas más que me perdí por no poder clonarme y estar en todos los sitios a la vez. Sitios en los que no importa tu “tamaño” artístico ni profesional.

 

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Si te vas a perder esas oportunidades únicas de escuchar a los mayores profesionales de la industria, asegúrate de que lo haces por una buena causa. Valen más esas conferencias que la gran mayoría de reuniones prescindibles. No desperdicies la oportunidad esperando cruzarte con el manager de Richie Hawtin o Martin Garrix en los pasillos.

 

El valor único de la música

 

Entrando en materia de conclusiones concretas, este año me ha impactado la gran cantidad de debates que insistían en las capacidades únicas de la música electrónica, y el interés que eso despierta en nuevos inversores. Representantes de marcas o medios hablaban del esfuerzo que hacían por buscar y encontrar creativos que consiguen conectar con el público de una forma especial a la que a las propias marcas les resulta imposible de conseguir, por mucho dinero que inviertan en otros tipos de publicidad.

 

Me resulta interesante y esperanzador que la atención se esté dirigiendo en este sentido a creativos independientes, pequeñas compañías y artistas fuera de lo común; inclusive en el mainstream. Parece como si, por fin, el contenido empieza a importar más que la etiqueta.

 

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La música electrónica no es sólo música

 

Otra cosa que me ha fascinado este año es la cantidad de nuevos e interesantes protagonistas que están apareciendo en el sector. He visto ponentes que se dedican al periodismo, al desarrollo de software, de hardware, a la publicidad, al diseño, a las redes, al vídeo… ¡Incluso al interiorismo! Muchos de ellos forman parte esencial del equipo de nombres súper conocidos o son responsables de algunas de las movidas más interesantes de nuestro sector.

 

Lo que mola más de estos nuevos actores de la escena es que son gente muy accesible, abierta a comunicarse y con unas historias de superación detrás muy interesantes. Además, todos son amantes de la música, y se les nota. Es inspirador que te hagan ver que no existe un único camino para vivir de esta pasión, y que se pueden encontrar nuevas rutas a través de otros intereses que también te llamen la atención. Se está creando un abanico muy amplio de nuevas profesiones en el sector, y es un buen momento para profesionalizarlas y ser pionero en ellas. Como son empleos nuevos, auto inventados, no existen carreras específicas para ello. Me parece la caña.

 

 

La originalidad como argumento

 

Si bien la última vez que asistí al ADE tuve la sensación de que lo más importante era ser bueno repitiendo un mismo discurso mayoritario – es decir, haciendo más de lo mismo, pero mejor – en esta edición he percibido un interés inmenso en cualquier iniciativa exótica e hincapié en la importancia de ser diferente. Por ejemplo, en algún momento se habló de cómo funcionaban más en redes los vídeos de historias personales que los archiconocidos aftermovies, y que conectaba mejor con el público una experiencia personal de un artista que una secuencia del mismo saltando ante miles de personas con cañones de CO2.

En esa línea, responsables de algunos sellos discográficos aseguraban que prestaban más atención a material “raro” de calidad amateur, que a trabajos de ingeniería con un sonido típico.

 

ADE 2016

 

Aunque no puedo asegurar que ese discurso se haya reflejado al 100% en la música que he escuchado durante estos días, sí que tengo la certeza de que vivimos el mejor momento en años para hacer locuras a la hora de crear. La gente del business busca cosas diferentes, inesperadas… Así que quizás es un buen consejo que seas valiente, quemes los manuales y te vuelvas un poco majara. Musical, gráfica, estética y comunicacionalmente. Y aquí no existe la diferencia entre underground o mainstream: ambos están cansados del discurso conservador y redoblan esfuerzos por descubrir la frescura y lo inédito.

 

Para acabar

 

Vamos tarde. Aceptémoslo: en el norte de Europa nos sacan un trillón de años luz en organización, cultura, infraestructura y apoyos al sector de la música electrónica. Me da igual si es por el clima, la siesta o la abstención del PSOE: no vayamos por ahí, que no avanzamos. Creo que tardaremos unas cuantas generaciones en alcanzarles -si lo hacemos- y algunos no tenemos tiempo que perder. Creo que tendríamos que ir por faena y aprovechar la ventana de oportunidad que se abre en un momento como este, en el que cualquiera puede crear un foco de interés independientemente de dónde sea.

 

No tiene ningún sentido que esperemos a tejer unas redes tan curradas como los ingleses, holandeses o alemanes. Lo que tenemos que hacer son productos con la calidad y originalidad suficiente como para que sea imposible que pasen desapercibidos; y aprovechar sus propias infraestructuras. Colarnos en su chiringuito. Evidentemente que si hacemos lo mismo que ellos van a preferir apoyarse entre ellos… ¡Joder hablan el mismo idioma! La clave está en no hacer lo mismo, y que no les quede más remedio.

 

Ya tenemos ejemplos de ello. Este año han habido promotores, agentes, diseñadores, creativos, artistas y un montón de profesionales de nuestro país con un papel protagonista en los eventos del ADE; tanto de forma pública como privada. No digo que debamos olvidarnos de la idea de construir nuestra propia movida en un futuro, pero creo que para toda una generación de profesionales no hay tiempo que perder en esperar a que ello ocurra.

 

Hay un montón de cosas molonas por hacer, sólo tenemos que abrir los ojos y la mente. En el ADE pasa un poco lo mismo.

 

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